(via http://www.piccsy.com)
La magia de la lluvia mientras leemos.
Existe la inexplicable pero exquisita combinación de lectura y lluvia que evoca un sentimiento que los franceses suelen expresar con un je ne sais quoi. Quizás incite a quedarnos en casa, a refugiarnos en un restaurante y para pasar el tiempo elegimos tomar un libro. Suena simple, pero entre la elección de leer y refugiarse, surge la vulnerabilidad de nuestros sentimientos. La conexión con el planeta con lo más sutil y el deseo de abrirnos mejor. Las historias que narran los libros se convierten en ese puente hacia lo sentimental, hacia la apreciación de lo cotidiano.
Cuando llueve y nos refugiamos tenemos tiempo de cosas que normalmente pasamos de largo con nuestros horarios cada vez más acelerados. Nos perdemos en el trabajo y sus vicios. Que la lluvia es una excusa para reforzar nuestro tiempo a solas, nuestro tiempo de meditar y apreciar actividades lúdicas que no involucran salir y correr. Más bien evocan a sentarnos, respirar e imaginar.
Cada gota que llega a nuestros oídos nos relaja, nos devuelve a la realidad para recordarnos que también debemos escuchar lo que nos rodea. Que debemos escuchar nuestros sentimientos. Qué mejor que un libro de compañía para exprimir esa mezcla mística.