lluvia

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La magia de la lluvia mientras leemos. 
Existe la inexplicable pero exquisita combinación de lectura y lluvia que evoca un sentimiento que los franceses suelen expresar con un je ne sais quoi. Quizás incite a quedarnos en casa, a refugiarnos en un restaurante y para pasar el tiempo elegimos tomar un libro. Suena simple, pero entre la elección de leer y refugiarse, surge la vulnerabilidad de nuestros sentimientos. La conexión con el planeta con lo más sutil y el deseo de abrirnos mejor. Las historias que narran los libros se convierten en ese puente hacia lo sentimental, hacia la apreciación de lo cotidiano.
Cuando llueve y nos refugiamos tenemos tiempo de cosas que normalmente pasamos de largo con nuestros horarios cada vez más acelerados. Nos perdemos en el trabajo y sus vicios. Que la lluvia es una excusa para reforzar nuestro tiempo a solas, nuestro tiempo de meditar y apreciar actividades lúdicas que no involucran salir y correr. Más bien evocan a sentarnos, respirar e imaginar. 
Cada gota que llega a nuestros oídos nos relaja, nos devuelve a la realidad para recordarnos que también debemos escuchar lo que nos rodea. Que debemos escuchar nuestros sentimientos. Qué mejor que un libro de compañía para exprimir esa mezcla mística. 
May 26, 2012 / 11 notes

La magia de la lluvia mientras leemos. 

Existe la inexplicable pero exquisita combinación de lectura y lluvia que evoca un sentimiento que los franceses suelen expresar con un je ne sais quoi. Quizás incite a quedarnos en casa, a refugiarnos en un restaurante y para pasar el tiempo elegimos tomar un libro. Suena simple, pero entre la elección de leer y refugiarse, surge la vulnerabilidad de nuestros sentimientos. La conexión con el planeta con lo más sutil y el deseo de abrirnos mejor. Las historias que narran los libros se convierten en ese puente hacia lo sentimental, hacia la apreciación de lo cotidiano.

Cuando llueve y nos refugiamos tenemos tiempo de cosas que normalmente pasamos de largo con nuestros horarios cada vez más acelerados. Nos perdemos en el trabajo y sus vicios. Que la lluvia es una excusa para reforzar nuestro tiempo a solas, nuestro tiempo de meditar y apreciar actividades lúdicas que no involucran salir y correr. Más bien evocan a sentarnos, respirar e imaginar. 

Cada gota que llega a nuestros oídos nos relaja, nos devuelve a la realidad para recordarnos que también debemos escuchar lo que nos rodea. Que debemos escuchar nuestros sentimientos. Qué mejor que un libro de compañía para exprimir esa mezcla mística.